El lado positivo de las cosas.

No, el confinamiento no es algo positivo. Lo hacemos, obligatoriamente, para intentar paliar la situación de emergencia sanitaria que se ha creado en nuestro país debido a la pandemia por la covid19. No obstante, siempre podemos encontrar el lado positivo de las cosas.

Me considero una persona en busca de la felicidad; esa búsqueda implica que siempre intente ver las cosas lo más positivamente que me sea posible.

Ha pasado un mes desde que nos encerramos en nuestra pequeña burbuja en casa. Ajenos a lo que pasa ahí fuera, procurando salir lo menos posible para no contagiarnos y sobre todo no contagiar a La Pequeña Guerrera. Nos hacemos eco del número de contagios, y desgraciadamente, del número de fallecidos.

Sin embargo, cosas buenas están sucediendo: en nuestro hogar, en nuestra comunidad, en nuestro país, en nuestro planeta.

Tenemos más tiempo para disfrutar de la familia, de nuestros hijos. ¿Cuántas horas pasábamos juntos cuando los niños iban al cole o guarde, y los adultos al trabajo? Es el momento de hacer cosas juntos. Obviamente, nada al aire libre…pero podemos cocinar, hacer las tareas del hogar en colaboración, bailar, cantar, pintar, jugar, jugar, jugar juntos.

Algo de lo que me he dado cuenta en estos días, es que mis hijos juegan más juntos. No sé si es porque prefieren la compañía infantil, o porque tienen su forma de jugar especial, distinta a la de los adultos.

Además, Principito ya no le tiene celos a su hermana. Pasó una época un poco mala, al empezar el cole. Fueron meses de rabietas constantes y molestarla a propósito. Desde que empezó el confinamiento, la cuida más, la viste, le da el biberón, y juega más con ella.

Otro aspecto curioso del confinamiento es el desarrollo de la creatividad. Creo que a casi todos nosotros, nos ha dado por la repostería, manualidades, retos varios…Es el momento de emplear el tiempo en casa en todas esas cosas que queríamos hacer y que teníamos pendientes por no encontrar nunca el momento.

El contacto con el resto de la familia es mucho más frecuente. Tenemos la necesidad de saber que están bien. Desde que empezó el estado de alarma, hablamos todos los días por videollamada con los abuelos, y con el resto de la familia al menos un mensaje diario para saber que estamos todos bien. Nunca antes había hablado tanto con mi familia ni me había preocupado tanto por ellos.

Pero, no solo la familia, los amigos son esenciales desde la distancia. La gente hace, vermuths, juepinchos, retos, concursos de tapas, scaperooms virtuales, clases de baile, zumba, yoga, fitness…Antes, podíamos estar un mes sin ver a nuestros amigos; ahora, al menos una vez por semana, es cita obligatoria la videollamada con los amigos con la excusa que sea.

La vida en comunidad cobra más sentido. Los vecinos ponen canciones desde sus balcones, nos unimos en un aplauso comunitario. Ponemos cara a aquellos que antes eran desconocidos, a pesar de vivir a escasos metros de nuestra casa.

Algo de lo que me enorgullezco como española, es que se ha creado una red de solidaridad para ayudar en la lucha contra la pandemia. Comerciantes, taxistas, costureras, empresarios, diseñadores 3D, personas de a pie, etc, que aúnan fuerzas en una causa común: crear todo el material sanitario que nos falta para protegernos contra la covid19.

Y lo más importante, el personal sanitario ha adquirido la relevancia que se merece. Una profesión muy poco reconocida y mucho menos recompensada. Gracias a su vocación, su dedicación y esfuerzo diario, estamos ganando la batalla.

Finalmente, nuestro planeta merecía un respiro. La peor enfermedad de la Tierra es el ser humano. Los animales disfrutan del campo abierto, la contaminación se ha reducido, el agujero de la capa de ozono ha disminuido. En las calles, hay menos ruido, se respira aire más limpio, se oyen los pájaros y crecen multitud de flores donde antes solo había un césped maltrecho.

Ojalá, no se hubiera producido esta pandemia; ojalá no hubiera tantos muertos detrás de ella. Ojalá, algún día, cuando todo esto haya pasado, recordemos las cosas bonitas que, también, sucedieron.

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